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noviembre 12, 2012

Intervención Ley de Pesca

Señor Presidente, Honorables Colegas:

El proyecto de modificación a ley de pesca, que se tramita, contiene disposiciones que afectan muy gravemente a los pescadores y a los recursos del mar. Es muy importante, por ello, clarificar que es lo que está en juego y tratar de hacerlo entendible para todos.

Como los pescadores recuerdan, hace no tantas décadas en Chile había un régimen de pesca libre; los recursos abundaban y quién quisiera pescar podía hacerlo. 

La explotación intensiva empezó a agotarlos. Ello obligó establecer, en los ’90, la denominada cuota global, o sea un máximo anual por especie, que se divide en dos partes, una artesanal y otra industrial.

¿Qué ocurrió? Que cada operador industrial salía a capturar todo lo que pudiera en el menor tiempo. A eso se le llamó carrera olímpica y llevaba a una sobreexplotación de las pesquerías, implicaba a las empresas aumentar su flota y producía inestabilidad en el empleo.

El año 2000, ante el colapso especialmente del jurel, se propuso un nuevo sistema: dividir esa cuota global anual industrial en cuotas individuales. Se pensó que si cada cual tenía asegurada su porción no necesitaría salir a pescarla tan rápido. Se dosificaría entonces el esfuerzo, las industrias ahorrarían dinero y el empleo sería más estable. Se probó el sistema por dos años. Luego, el 2002 se planteó extenderlo por diez más. 

Quienes estábamos en el Parlamento recordamos que en dicha ocasión se expuso este sistema como la salvación de la pesca. Se llenaron las tribunas y las calles cercanas con trabajadores de la industria para señalar que de no aprobarse las pesquerías y la actividad colapsarían.

Algunos nos opusimos, porque entendimos que asignar cuotas individuales era, de alguna manera, entregarle a privados bienes de todos los chilenos. Señalamos, además, que ello no solucionaría los problemas.

La historia nos dio la razón. 

Diez años después la captura del jurel, por ejemplo, que era el ícono del problema, ha caído de 1.400.000 toneladas el 2002 a cerca de 200.000 para este año.

La actividad en general está deteriorada y la carrera olímpica regresó. Y regresó por la sencilla razón que hay más peces en las resoluciones de la Subpesca que en el mar. Entonces, hay que salir a capturar lo que se pueda antes que se agote.

Sin embargo, ahora que el mecanismo va a terminar, el Gobierno propone extenderlo. Ya no por una década sino indefinidamente, aunque ahora se señala que serían 25 años prorrogables.

¿Por qué continuar con un sistema que claramente fracasó?

Hay un paciente moribundo y el equipo médico propone aplicar una mayor dosis de la misma medicina que lo está llevando a la muerte. Eso es esta ley de pesca. Todo por mantener el negocio de unos pocos, que han lucrado abusivamente con bienes de todos hasta casi extinguirlos.

Se trata de un grave error por diversas razones.

Primero, porque no representa avances para la pesca artesanal. El fraccionamiento y acceso a las pesquerías sigue siendo insuficiente. No se protegen los caladeros históricos ni se frena claramente el arrastre. Tampoco hay respuestas sobre las pesquerías finas.

Segundo, porque tampoco hay avances sustantivos sobre el estatuto de los tripulantes de embarcaciones artesanales ni se contempla una plataforma social suficiente para los desplazados de la industria. Seguimos con este Fondo que no contiene beneficios claros y donde muchas compensaciones quedan al arbitrio del Gobierno de turno.  

Tercero, porque no se asegura un estatuto jurídico para los recursos pesqueros. Las pesquerías son de todos los chilenos y se habilita a pescarlas en base a un sistema de autorizaciones y permisos que son esencialmente temporales y revocables, según los intereses del país. Eso debe quedar meridianamente claro.

Cuarto, porque se insiste en este sistema de cuotas, a las que unos pocos nos opusimos el 2002 y que llevaron al colapso de las pesquerías. Las cuotas indefinidas o los 25 años prorrogables son un exceso. Si vuelven a fracasar no habrá tiempo para una nueva ley. Un nuevo error será el fin de la pesca en Chile.

Cualquier norma que surja no puede pretender una duración de más de diez años, por la sencilla razón que en el estado que se encuentran las pesquerías requiere una evaluación de sus resultados.

Quinto, porque mantiene y agudizará la concentración de la industria pesquera en unas cuantas familias, sin establecer límites ni flexibilizar las rígidas barreras de entrada de la actividad. Este mecanismo no es sostenible. No puede ser que haya empresas que concentren más del 50% de una pesquería y no se haga nada.

Lo más curioso es que los mismos que siempre nos hablan de la competencia y del libre mercado, ahora se dan una vuelta de carnero, digna de medalla de oro, para argumentar a favor de la concentración y las economías a escala.

Sexto, porque se entrega casi gratuitamente los recursos pesqueros del país, atendido que el nivel de las patentes y derechos de explotación que se proponen son insignificantes en comparación a las utilidades obtenidas.

Séptimo, porque pese a los avances que significa restarle poder decisorio a los Consejos y haber desechado el Panel de Expertos, persiste un esquema que favorece la presión de los interesados y la incidencia del Gobierno de turno. Si queremos realmente sustentabilidad y rol de la ciencia forjemos una institucionalidad completamente aislada del Gobierno de turno que entregue una propuesta que deba ser asumida por el Ejecutivo.

Octavo, porque no se aseguran aún los recursos para que se desarrolle una Investigación pesquera pública de calidad e independiente. Deben haber aportes basales fijos para el IFOP y líneas investigativas permanentes de acuerdo a los intereses y objetivos del Estado.

Noveno, porque no se garantiza una adecuada fiscalización con sanciones eficaces y ejemplarizadoras. Sabemos que muchas empresas pagan las multas y siguen depredando nuestros mares obteniendo beneficios ilegítimos. Eso no puede seguir. Requerimos un esquema de sanciones que parta con multas elevadas y que conduzca a la caducidad en forma rápida si se siguen vulnerando las normas.

 
Décimo, porque no se considera a los pueblos originarios, muchos de los cuales han explotado ancestralmente los recursos del mar. Tampoco se ha cumplido con el Convenio 169 de la OIT. Nadie puede pretender que un par de audiencias de la Comisión de Pesca sean el marco adecuado para expresar una opinión fundada sobre un tema tan relevante. Así las cosas el proyecto queda expuesto a los tribunales nacionales e internacionales.

Señor Presidente, estimados colegas, como lo señalaron diversas organizaciones que escuchamos en la zona austral con la Comisión de Pesca, este proyecto sólo sirve a unos pocos, perjudica al sector artesanal y pone en riesgo el patrimonio nacional. Por eso votaré en contra.

Sin embargo, no soy un irresponsable que quiera volver a la carrera olímpica, hacer colapsar la industria y las fuentes de empleo o generar inestabilidad sin soluciones. Junto a algunos senadores hemos propuesto una fórmula intermedia, que es prorrogar por dos años el actual sistema a la espera de que nos demos un tiempo prudente para analizar una nueva ley que asegure efectivamente la sustentabilidad, que contenga un reforzamiento institucionalidad adecuado, que compatibilice los intereses de todos los sectores y que resguarde a los pueblos originarios.

Estoy cierto que podemos hacerlo si contamos con el tiempo necesario.

He dicho.

octubre 30, 2012

Debe permitirse análisis profundo de indicaciones a la ley de pesca

Presenté más de 130 propuestas que apuntan a fortalecer pesca artesanal, limitar duración de las cuotas, frenar concentración en la industria y fortalecer  institucionalidad. 

Voté en contra de la actual ley de pesca el 2002 y he sido uno de los más firmes críticos a la renovación del sistema de cuotas que impulsa el Gobierno y que está en una etapa decisiva en el Senado.

El pasado lunes venció el plazo para presentar indicaciones. Suscribí más de 130 de las cerca de 700 observaciones ingresadas. 

Espero que la Comisión de Intereses Marítimos, Pesca y Acuicultura de la Cámara Alta pueda analizarlas con seriedad y sin prisa. Sería muy inconveniente que el Ejecutivo impusiera una urgencia excesiva que no permitiera el estudio profundo que se requiere. En la Cámara de Diputados esta etapa de revisión de indicaciones duró varias semanas. 

En las indicaciones he patrocinado, muchas de ellas con otros senadores de la oposición, se abordan las materias más conflictivas del proyecto.

En primer término, creo imprescindible favorecer al sector artesanal. Para ello hemos propuesto resguardar las cinco millas de acceso protegido; establecer el control de esfuerzo como alternativa de administración, eliminar el pago de la patente, declarar diversas pesquerías, tales como la sardina, anchoveta y merluza como exclusivamente artesanales, prohibir el arrastre y asegurar el acceso a pesquerías incipientes y en recuperación. 

Respecto del sistema de cuotas por armador, insisto en mi oposición a su prórroga. Creo que ha sido un fracaso por lo que votaré en contra de la reposición de los artículos referidos a las licencias transables que se rechazaron en la Cámara de Diputados, por falta de quórum. Sin perjuicio de ello, para el caso de que éstas sean repuestas por el Gobierno, hemos  propuesto, a través de indicaciones, limitar su duración a 10 años. No es posible sostener la existencia de cuotas a perpetuidad o con una duración excesiva que en el fondo equivale a ceder a privados bienes de todos los chilenos. 

Reafirmamos, también, la importancia de establecer  un estatuto jurídico de los recursos pesqueros. Nos parece que es imprescindible dejar plenamente claro que éstos pertenecen a todos los chilenos y que los particulares sólo son autorizados a extraerlos por una declaración graciosa del Estado, que puede concluir en cualquier minuto si así lo exige el interés público. 

Nos preocupa, además,  evitar la concentración de la industria. Creemos que la acumulación de la propiedad de fracciones muy relevantes de las pesquerías en manos de algunos operadores es nociva. Proponemos prohibir que una misma empresa disponga más de un 15% de las cuotas de una determinada especie. 

Fortalecer la institucionalidad pesquera, es también una urgente necesidad. Parte importante de la crisis que vive la pesca se debe a que contamos con una investigación y fiscalización con insuficiente presupuesto para el rol de la actividad en la economía nacional. En este ámbito, se formularon indicaciones para establecer aportes basales fijos y líneas investigativas permanentes para el Instituto de Fomento Pesquero, al tiempo de plantearse un reencasillamiento del personal del SERNAPESCA y un rediseño de las sanciones que parta con multas elevadas y que conduzca a la caducidad. 

Por último, incorporamos indicaciones tendientes al resguardo de los pueblos originarios, para los cuales se pide un acceso garantizado a los recursos y el apoyo social para los trabajadores desplazados de la industria.

julio 19, 2012

Aprobación de ley de pesca en la Cámara Baja es lamentable.

Sistema de cuotas de pesca fracasó y pretenden extenderlo indefinidamente.

Lamento la aprobación, en la Cámara de Diputados, de las partes más sustantivas de la ley de pesca, que afectan muy gravemente a los pescadores y a los recursos del mar.  Junto a otros legisladores rachazaremos la propuesta e insistiremos, a través de indicaciones, en los principales puntos desechados por la Cámara Baja.

Entre otros, instaremos por asegurar el dominio público de los recursos del mar, establecer el carácter temporal de las cuotas, fijar un límite a la concentración de las pesquerías, buscar fórmulas para flexibilizar las barreras de entrada a la actividad, aumentar el valor de las patentes y el royalty y mejorar la institucionalidad, fortaleciendo la investigación y la fiscalización.

Asimismo, insistiremos en corregir el fraccionamiento a favor de la pesca artesanal, resguardar las 5 millas exclusivas para ésta, limitar el arrastre y asegurar una protección social suficiente e integral para los pescadores y trabajadores del sector. 
No resulta explicable que tras el ritundo fracaso del sistema de cuotas, se pretenda renovarlo indefinidamente. El Gobierno se ha empeñado en proteger los intereses de unos pocos en perjuicio de todos los chilenos y especialmente de los pescadores.

Algunos nos opusimos a este sistema cuando fue prorrogado el año 2002 porque entendimos que asignar cuotas individuales era, de alguna manera, entregarle a privados bienes de todos los chilenos. La historia, lamentablemente, nos dio la razón. Diez años después la captura del jurel, por ejemplo, ha caído de 1.400.000 toneladas el 2002 a cerca de 200.000 para este año.

Este proyecto no representa ningún avance para la pesca artesanal, que sigue siendo el pariente pobre de la actividad; insiste en este sistema de cuotas por armador, a las que unos pocos nos opusimos el 2002 y que llevaron al colapso de las pesquerías y significa una privatización del mar, entregando definitivamente a unas pocas familias los recursos marinos que pertenecen a todos los chilenos.