En el mecanismo electoral está la llave
para las transformaciones más profundas que el país necesita.
El acuerdo entre
No debemos quedarnos en análisis errados y pequeños como la crítica al carácter secreto de los
contactos entre ambas colectividades, lo que implicó mantener a sus socios en
la Concertación y en el Gobierno, al margen de las tratativas.
Esos son problemas menores, frente al hecho relevante
que tenemos un texto en que el partido del Presidente de la República, uno de los sostenedores de este sistema electoral perverso, que afecta seriamente la soberanía popular, se
compromete a ponerle fin.
Para este sistema, da lo mismo que un
candidato o coalición obtenga el 65% de los votos y el otro el 35%, se elegirá
un representante por cada sector. A nivel nacional,
ello conduce a un empate y el resultado es que nada sustantivo del régimen
institucional y económico se pueda cambiar.
A la larga eso ocasiona frustración
y desencanto en la ciudadanía, respecto de la democracia, pues se percibe que
el voto no produce las transformaciones que se espera.
A los partidarios de este modelo económico, de las
AFP, de las Isapres, del lucro en la educación, de los abusos de bancos y
multitiendas les basta la obtención de un 35% de los votos para asegurarse la
mitad del Parlamento y con esto que todo siga igual.
El reemplazo del actual sistema electoral no es un asunto que interese sólo a los políticos, sino que es el comienzo de la solución de
problemas muy significativos. En el binominal está la clave para que se
cambien muchas de las cosas que esperamos modificar.
Tras este acuerdo la
responsabilidad se ha devuelto a La Moneda, debiendo el Presidente de la
República, Sebastián Piñera, tomar la iniciativa y enviar al Parlamento, a la
brevedad, un proyecto que permita plasmar el acuerdo
en una reforma que ponga fin a este resabio de la dictadura.
